Tag Archive | "Javier del Río"

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Mega-Ciudad


Hace un tiempo atrás estuve en la Ciudad de México, invitado por la U. Autónoma Metropolitana; siendo junto a Sao Paulo una de las ciudades mas grande que conozco del mundo. Son realmente muy extensas, con cerca de 20 y un poco más de 20 millones de habitantes respectivamente. Todo Chile y algo mas cabe ahí, en un solo mapa urbano.

Cómo serán los mapas de calles, o las guías de fonos. Son imposibles de conceptualizarlas en pocas líneas o entenderlas en pocas palabras. Se sabe ya que mas de la mitad del mundo es urbana, o sea vive en ciudades, y que vivir en ciudades, según muchos expertos es más sustentable (aprovechamiento de redes, infraestructuras, transporte, educación,..), pero en realidad al visitar estas mega-ciudades, no me queda para nada claro, pues en cierto modo se ha perdido la calidad de vida.

Ciudad de México crece en algo como 600 hab/dia, los que ocupan 4 estadios/día en superficie, tiene algo como 4.5 millones de autos y para el 2040 tendrían 7.2 m de autos. Tienen cualquier cantidad de autopistas urbanas, muchas con 7 a 8 pistas por lado prácticamente siempre llenas, ahora están haciendo otras elevadas (`segundo piso` como la llaman). El litro de bencina en promedio vale la mitad que en Santiago, pero por la cantidad de kms viajados y por los tacos de siempre, su consumo es el doble que nosotros: finalmente estamos iguales. Aún así México emite 4ton de CO2/per/año, Alemania algo como 10ton y USA 19ton.

Igual se puede vivir bien, pero con numerosos ajustes eso si. El primero es el acostumbrarse de que para todas partes y horas siempre habrá mucha gente; segundo, hay que bajar las expectativas de hacer todo de inmediato o en un mismo día; tercero, igual hay que sonreir y tener buen ánimo. Para un santiaguino esto es imposible: nosotros somos  “únicos” (nos tienen que ver), somos apurones e histéricos (colapso cardíaco en dos días) y no somos muy positivos que digamos (estaríamos encontrando todo mal). No son tan aspiracionista como nosotros, ni proclives a alguna marca de productos, en sus TV no hay la ordinaria farándula nuestra, hacen mucha familiar en los números parques.

El centro todos los domingos se lo cierra y abre solamente a los ciclistas y peatones; es fantástico y muy concurrido, todo un éxito. Estos mexicanos no se alteran si alguien dobla en quinta fila o si el taco es de 14 kms. dentro de la ciudad, pocas veces se toca la bocina, saben que la mejor manera de conducir es la mala, pero despacio. Como con los carros del supermercado en un día lleno de personas. Sus clases y trabajos empiezan a las 7 am, o sea se levantan tipo 5 am para llegar más tranquilos a sus destinos, los mariachis están por todos lados, para no quedar sordo me dedicaba al tequila, además todo es extremadamente picante (la comida obviamente, con mucho chile: a lo mejor nosotros somos los picantes).

Por el otro lado, la ciudad a pesar de los muchos esfuerzos, no es tan segura, hay contaminación, es estresante, mucho apoyo al vehículo particular, el agua no es potable, hay un gran problema con la basura, entre otras. Nosotros los de Santiago vamos para allá, pero sin su carácter.

Javier del Río
Coordinador del Magister
Arquitectura Sostenible de la U. Andrés Bello

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De Paso en Toronto


Solo a modo de turista y por una semana pude constatar grandes cualidades de los habitantes y de la ciudad misma de Toronto en Canadá, todo debido a una invitación de la empresa Constructora para asistir a la Feria-Congreso GreenBuild 2011 recientemente realizada.

Es curioso, pero cada vez que se sale al extranjero se aprenden muchas cosas, esta vez me recordó varias cosas del cómo era el Santiago` humano´ de antes, una ciudad en general grata; ya sea en barrios humildes, comerciales, industriales o mas elegantes (con otro presupuesto obviamente, pero igual grata).

Esta ciudad de unos 5.300.000 habitantes ubicada frente a un enorme lago, Ontario, y muy cerca de la frontera con EEUU (en donde se ubican las cataratas del Niágara), es realmente amable. Su gente es muy cordial, compuesta de un sinnúmero de inmigrantes que llevan años ahí, se dice que casi el 50% son de afuera: orientales, árabes, latinos, europeos, esquimales…todos conviviendo sin problemas. Probablemente existen conflictos, pero si los hay, no se aprecian. Hay mucho respeto por las diferentes culturas.

Desde la llegada a su aeropuerto, Pearson, se notan las diferencias; a la salida ninguna tropa de  `taxi oficial´ o exclusivos se nos acercó, están todos afuera con una tarifa fija al centro de la ciudad (igual a la que se puede ver por internet), es fácil salir del aeropuerto. Eso si, antes hubo una muy calculada entrevista del oficial de inmigración (cuantos días, por qué la visita, que hospedaje,…y cuando se va), que con justa razón deben de hacerla, pues se les estaría llenando de inmigrantes ilegales y los chilenos lamentablemente estamos potencialmente en ésa categoría.

Personalmente la mejor manera para conocer una ciudad es caminando, de esta forma acompañado o solo, recorrí prácticamente toda su zona central. Pude ver que ningún muro esta rayado, nada de suciedad, casi no vi policías. Nunca vi gente sujetando el celular con las dos manos, nadie con la cartera amarrada al cuerpo, ningún gancho para amarrar las chaquetas en mesas de restaurantes. Los notebooks casi sueltos en las plazas mientras sus dueños miran el verdor o las ardillas sueltas, no hay ciclistas en las veredas, ni vendedores ambulantes, ni cuidadores de autos. No hay autos aplastando a los ciclistas en las calles y pueden estar horas esperando la luz verde.

Sus estadios principales (para deportes y eventos varios o musicales), el Rogers Centre y el Air Canada están en el medio del centro, nunca ha habido desordenes en sus salidas.

Contaban que las fiestas a más tardar terminan a las 2de la mañana  y que su actividad social empieza como a las 5 de la tarde (en realidad quedarse hasta las 4am es torpe con esta modalidad), tienen mucha actividad conectada con la naturaleza, salen mucho de paseos.

No conocen al parecer los lomos de toro, ni tan poco los cercos electrificados, no conocen alambres de púas, ni los guardias privados; ahí les ganamos por lejos. La ley en general se aplica y es muy dura (puertas giratorias ni por casualidad, solo para entrar a los edificios). Que envidia, nosotros tomamos otro camino: el insustentable y mas difícil.

Por Javier del Río
Coordinador Magister Arquitectura Sostenible
U. Andrés Bello.

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Los factores nutricionales


Por norma todos los productos alimenticios deben mostrar los componentes que contienen, para así saber de que aproximadamente se moriría uno, o en qué grado le afectaría el cerebro. Los alimentos naturales (vegetales en general) no lo indican, pero sería ideal que también lo pusieran: en estos se debería de indicar tipo de agua fue usada, fumigaciones realizadas, modo de conservación, refrigeración, smog que le cayó, entre otras. Hay que también incluir en todas, algo muy olvidado, el envase. Este último puede ser mucho más tóxico que muchas otras de las anteriores, por ej. una sana fruta envuelta en una bolsa plástica o dentro de una caja de cartones reciclados, no tan sano como se lo piensa, puede ser muy tóxica. Así una simple manzana `natural` lamentablemente podría ser dañina de alguna manera. Los productos denominados ´orgánicos´ algo hacen para aclarar en parte su procedencia, pero tampoco mucho. En todo caso no es para preocuparse, igual de algo hay que morirse.

Esta clasificación de componentes se debería también de aplicar a todos los productos denominados ´sustentables´, en donde se asegura que no producen daño alguno al ambiente. Lo cual es cierto a medias, al menos a primera vista lo son, pero en donde se esconden otros aspectos muy nocivos. Hay tantas ganas de ser sustentable, pero por otro lado hay muchas más ganas de vender algo con publicidad sustentable, pues es un negocio muy interesante. Se confunden, o nos confunden.

Ya se ven productos indicando que su fabricación se la compensa con una cantidad de árboles plantados: pero ¿dónde están esos árboles?, ¿cómo saber si es cierto?, de hecho no como plantar tantos árboles, o como saber si el mismo bosque es usado por otra empresa con el mismo fin (una especie de traslapo ´casual´). Otros productos aseguran de que el uso no se contamina, lo que puede ser; pero ¿qué pasó con su fabricación?, ¿cuanto se contaminó antes?. Otros que son sumamente sanos de producción, pero que al estar tan lejos, contaminan en el transporte, como el caso de edificios que usan maderas de alguna parte de África (aparte ya de haber aniquilado un bosque). Hay edificios llenos de pasto por fuera, o se mira un jardín desde su interior, pero por dentro son los mismos de siempre. Hay otros productos, como en las ampolletas eficientes, que usan químicos muy tóxicos (no vaya a respirar lo que hay dentro jamás y cuando se rompa una, arranque o ventile por un rato, no tienen aire del Valle del Elqui adentro). Finalmente otros indican que son reciclados, de acuerdo, pero cómo se lo logró?

Los productos ´sustentables´ para entenderlos como tales debiesen etiquetar: CO2 consumido para su fabricación; cuanto CO2 liberarán cuando se los usa; cuanto CO2 se usó para transportarlo; cuanto CO2 se emplea para mantenerlo; y cuanto CO2 se emplearía para degradarse o ser reciclado. Para evitar así engaños y confusiones.

Javier del Río
Arquitecto experto en eficiencia energética
Coordinador del Magíster en Arquitectura Sustentable UNAB

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El jardín sustentable


Hoy en día sospechosamente, y por otro lado convenientemente, todo se lo llama ecológico o sustentable; es así como se encuentra ropa sustentable, autos, lápices, relojes, gas, restaurantes, fiestas sustentables, etc. Hasta jardines sustentables. Prácticamente todo es mentira, a lo más son menos dañinos ambientalmente que sus versiones anteriores. Es más que seguro que lo que ahora denominamos “sustentable”  o “ecológico”, en 10 años más sea insustentable. Algo mejor vamos a descubrir o nos daremos cuenta de que igual dañaba (un cilindro de gas pintado de verde o una estufa eficiente a parafina de combustión interna igual contaminan).

Algo parecido pasa con el tema de los jardines, que en principio todos debieran ser ecológicos, pues son verdes y en algo contribuyen a limpiar el aire. Pues bien, un jardín ecológico de verdad (pero de verdad) es uno que se mantiene absolutamente solo y con el agua que cae de las lluvias anuales: nada más, ni una gota más, ni un abono, ninguna picada de tierra, nada. O sea un jardín de estos en Parinacota debiera funcionar casi sin agua, uno en Santiago debiera de arreglárselas con aproximadamente 360 mm de agua y uno en Valdivia con unos 2.500 mm por año.

Estudiando mas detalladamente el caso de Santiago, el pasto se lo riega artificialmente unos 200 días por año, en donde cada vez recibe unos 5 mm de agua (potable) como mínimo (sin contar con el agua perdida que cae en los pisos o terrazas). Para comprobarlo, ponga una bandeja debajo de alguno de los regadores y verá como esta se llena rápidamente de agua. Esto por lo tanto se traduce en que al año se lo regó con unos 1.000 mm (200 días x 5mm), más por supuesto los 360 mm de lluvia natural de un año promedio: dando un total de 1.360 mm al año (más que en Concepción!) y solo para el pasto. Mejor ni contar con las manguereadas de veredas, lavadas de auto…etc.

Eso es trampa, no es sustentable (llevar el clima de Concepción a Santiago). Con razón el agua escasea en la capital, los ríos tienen menos agua y las capas o napas de agua están cada vez mas profundas; es un daño muy grande y todo por ver mas verde el entorno. Santiago fue seco, cosa de ver cuadros de Rugendas, algunas fotos antiguas del cerro San Cristóbal y observar los cerros cercanos: todos paisajes maravillosamente secos y con verdor estacional. Por alguna razón misteriosa todo lo sustentable debe ser de color  “verde” (en realidad viene de Europa, que es verde de verdad), pero para los de Santiago al norte del país es falso. Nuestro color sustentable es el color café.

Es probable que con esto, empiecen a aparecer ahora los cilindros de gas pintados café, la parafina también de ese color y las bolsas ecológicas lo mismo (Brown Bags en este caso).

Javier del Río,
Coordinador del Magister de Arquitectura Sostenible
U. Andrés Bello

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HidroAysén: Cómo seguir


Es un hecho que en Chile faltan generadoras de energía eléctrica y mas adelante inevitablemente éstas serían más necesarias, aún si se continúa farreando la energía como hasta ahora. Si se hace HidroAysén, aparte de inundarse bellísimos lugares naturales (he estado allá), esta el tema del cableado o tendido eléctrico, instalación no menor que destruirá otras tantas hectáreas más. Ahora también es cierto que cualquier forma de generar electricidad (solar, eólica,…), igual debiera contar con este cableado (subterránea es carísimo).

Además hay que reconocer (por diversos motivos) que la gran mayoría no acepta ya esta idea, que es cosa difícil de revertir y a la cual se le sumará cualquier otro problema, aumentando el descontento, esto es como una bola de nieve. Por otro lado es muy atractivo para inversionistas hacerlas: es un negocio fantástico y seguro, pues falta energía, los “clientes” (nosotros) están cautivos y son gastadores.

Otro hecho es que la electricidad diurna falta, pero la nocturna sobra y esta no se la puede almacenar así como están concebidas. En algunos países de Europa lo que se ha hecho (algo en Chile, pero con escasa difusión) es vender la nocturna mucho mas barata, con ello se incentivará su uso a estas horas. Esto implica que hay que: calefaccionar con equipos almacenadores de energía (aquí no hay), lavar, secar, hacer funcionar filtros de piscinas, etc.

De hecho muchos trabajos o procesos productivos se dejarían programados automáticamente (sin personas) para las noches. Lo otro que se hace es contar con buenos subsidios para tener sistemas fotovoltaicos (electricidad con el sol). Con ello cada casa o edificio genera su propia electricidad y la que no se ocupa se vende a la empresa distribuidora de electricidad, luego esa misma se compra nuevamente a un precio menor: funciona en general bastante bien, todos ganan. Esto sumado a todo tipo de equipos eléctricos eficientes y a que los usuarios tengan sentido común y los empleen lo justo y necesario, no se puede ni debe seguir como vamos (faltan cambios de hábitos y educación al respecto).

Otra posibilidad que se puede hacer, es que de noche las hidroeléctricas produzcan hidrógeno (gas poco contaminante) mediante electrolisis, para generar nuevamente electricidad. Todas hay que estudiarlas con profundidad e idear los mecanismos adecuados. Ahora bien, lo que falta es mejorar los diseños arquitectónicos, siendo mi tema como asesor de ahorro y eficiencia de energía. Por ejemplo parar con la torpe estrategia de hacer casas y edificios con excesivas ventanas, los que se recalientan con el sol; todos copias de proyectos de latitudes frías en donde si podrían estar.

A muchos se les olvida, o no saben, que lo que mas demanda energía es refrigerar (bajar un grado Celsius es casi tres veces mas caro que subirlo), lo que solo se logra con electricidad. Lo peor que puede pasar es que se recaliente un edificio, como en casi todos los que están detrás del Parque Araucano o barrio El Golf en Santiago p.ej., que solo aseguran eternos gastos de energía. La mejor energía es la que no se ocupa, no la que se usa para corregir errores de diseño; con ello nos podríamos ahorrar varias centrales generadoras de electricidad.

Javier del Río
Arquitecto, Coordinador
Magister de Arquitectura Sostenible
U. Andrés Bello

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Edificios verdes en Chile


Con cada día que pasa el concepto de edificio verde o ecológico se hace más importante y necesario: es en definitiva un tema que llegó para quedarse. El tema es relevante en el mundo actual, pues somos muchos, la energía escasea, es cara y por otro lado estamos ya demasiado contaminados como para continuar con la indiscriminada combustión de energías fósiles.

El punto es saber de qué se trata un edificio o construcción verde. Saber desde cuando se la puede catalogar como tal, como se lo mide y quien asegura que lo logró. En ello al respecto hay dos posturas. Una es que la arquitectura siga como se la concibe ahora, convencional, en donde luego se le adicionan una serie de dispositivos para lograr ser ecológico.

Es decir, optimizar su gasto energético en climatización e iluminación entre otras. La segunda postura, mas radical, es evitar que la edificación gaste o pueda reducir al máximo el uso de energía (sea cual sea, incluyendo las renovables) con un diseño concebido de cierta manera, que aprovecha lo natural y que por sobre todo no cometa errores que justifiquen el consumo energético posterior.

Ambas son válidas, en la primera se asume una inversión en técnicas múltiples que suelen ser costosas, como geotermia (tomar temperatura del suelo), dobles pieles acristaladas, vidrios de avanzada tecnología, colectores eólicos y/o fotovoltaicos incorporados, sistemas de control ambiental computarizados (con sensores ambientales), recuperadores de calor, sistemas muy eficientes de climatización, entre muchas más.

Con todas ellas el costo se eleva en grandes proporciones, inversión que se recuperaría a largo plazo. En esta mirada fue utilizada en muchos de los edificios de Abu-Dahbi o Europa principalmente. Este principio implica necesariamente que para lograr ser ecológico, hay que contar con mucho dinero para construirlos y mantenerlos. Esto no debe de entenderse así, el ser ecológico implica justamente lo opuesto.

En la segunda, más sustentable consiste en no seguir con los malos hábitos proyectuales y no cometer errores al contar con malas orientaciones, excesos de transparencias, contemplar poca aislación térmica o no considerar la ventilación natural. Esto sumado a no contar con un cierto nivel de inercia térmica, ni protecciones solares exteriores, entre varias otras.

Por el contrario, con esta perspectiva de construcción verde, los costos casi no se elevan y con ello el retorno de lo invertido se lo logra en un corto período de tiempo. Además, las mantenciones son bajas y se las hacen con empresas poco sofisticadas. Pero también en esta se involucra un cambio de hábitos, se requiere mas conciencia ambientalista.

Las dos opciones son certificables obviamente y se miden en su reducción de la demanda energética, pero la gran diferencia radica en el dinero, tanto en lo invertido inicialmente como en su mantención a lo largo de toda la vida útil de la edificación. Ojalá prime para Chile la segunda, es mas razonable.

Javier del Río
Arquitecto experto en sustentabilidad
Universidad Andrés Bello

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La utopía de la ciudad sustentable


Los errores no siempre tienen solución y una mala medida es suficiente para perjudicar a toda una generación. Así, asentar una ciudad mirando al sur o con edificaciones de grandes ventanales, implica un desperdicio de energía que puede ser irreversible y generar una pérdida de dinero incalculable.

En el último tiempo se han diseñado modelos para enmendar las construcciones foráneas que se exportaron con características poco prácticas para el clima chileno. Se han tenido que crear soluciones, por ejemplo, para los grandes ventanales de los modernos y lujosos edificios de “Sanhattan”, que perjudican la sustentabilidad en el hogar y trabajo. Esas enormes aberturas cubiertas con vidrios, son sinónimo de fuga energética en invierno y sobrecalentamiento en verano. Como solución, se han instalado climatizadores, con el gasto de energía y contaminación que ello acarrea.

Ante esta falta, ingeniosos arquitectos han pensado mecanismos que sólo confunden y que son utópicos de realizar. En este aspecto, ideas como las ciudades satélite, los barrios denominados “20 minutos”, los edificios “verdes” con vegetación en sus azoteas, hacen pensar a los habitantes que son proyectos realizables y una posible solución a la contaminación de las ciudades.

Pero cada una de estas propuestas son más bien utópicas. Las ciudades satélite, se pensaron como pequeñas urbes dentro de una gran capital que incluía un centro con colegios, supermercados, iglesias, comercio y empresas rodeadas por un determinado número de viviendas. Pensadas para no crecer, ya que al construir más viviendas, se pierde la idea original de tenerlo todo cerca y no utilizar locomoción.

Pero no se puede evitar el aumento de la población, las familias crecen, las casas se hacen chicas, hay cambios de trabajo y se hace necesario moverse de ese espacio. Los Barrios “20 minutos”, por otro lado, fueron pensados para reducir las emisiones de carbono provenientes del transporte. El concepto es simple: La distancia máxima desde la casa a otros servicios no deben sobrepasar los 20 minutos.

Este concepto de urbe fue planificada para beneficiar y promover las economías locales, sin embargo, en Chile este modelo es nuevamente utópico. Las ciudades y barrios ya están construidas y no fueron planeadas de esa forma. Para que un proyecto como este funcione, se debería planificar nuevamente la ciudad, lo que implica derrumbar todo para volver a construir.

En el caso de los edificios “verdes”, su diseño debiera incluir vegetación en la azotea con el propósito de disminuir la radiación solar. Pero más barato y con el mismo efecto, es pintar los techos de color verde, así se reduce el efecto de burbuja de calor y alterarían en menor medida el clima de una región.

En conclusión, existen muchos juegos artificiales relacionados a la sustentabilidad: ciudades futuristas, casi caricaturescas, soluciones sumamente caras y complicadas. Todos juegos de luces que impiden entender que la única solución es pensar la ciudad antes de construirla, porque arreglar el error el es más caro y menos sustentable. Si no entendemos este concepto y las nuevas generaciones no lo incorporan a su imaginario colectivo, la utopía será más utópica que nunca.

Javier del Río

Arquitecto experto en sustentabilidad

Universidad Andrés Bello

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