Vuelve el humo gris


Entramos a Abril y rápidamente nuestro horizonte se vuelve más gris, fruto del aumento de la contaminación atmosférica. De este fenómeno no se escapa ninguna ciudad en la que se ha medido el material particulado fino, llamado PM2.5. El gobierno en su Informe Medio Ambiente 2011 cifra en 4.200 las muertes prematuras anuales asociadas a este contaminante. El estudio de Greenlab UC, en tanto, que justificó la normativa vigente desde el año 2012 estima que abordar esta contaminación cuesta un tercio de los efectos en salud (enfermedades cardiovasculares, respiratorias, ataques de asma, etc). Por lo tanto, uno podría decir que los “gastos” para descontaminar podrían igualarse a la creación de empleos verdes relacionados con la tecnología limpia necesaria para reducir los niveles.

El problema fundamental que debemos abordar es que tenemos al mercado en contra nuestra. Los vehículos diesel pagan 75% menos impuesto específico que los bencineros a pesar de dar cuenta de más de 90% de las emisiones de PM2.5 asociadas al transporte. El litro de diesel cuesta 24% menos que el litro de bencina. El bajo impuesto específico se debe fundamentalmente a presiones de gremios del transporte que poco tienen que ver con el auto 4×4 que usa diesel para “ahorrar” combustible. Además ese vehículo permite descontar IVA, razón por la cual vemos bencineras promoviendo “factura inmediata” en barrios residenciales.

El resultado es que año 2010 un estudio del MMA arrojó que el 13% de los vehículos livianos son diesel y dan cuenta de 80% de las emisiones de MP de esta categoría. Si sumamos buses y camiones llegamos a que 97% de las emisiones de PM2.5 proviene del uso del diesel, y 3 % de los vilipendiados gasolineros catalíticos.

Por otro lado está la leña, que según un estudio de la CDT aporta 30% de las emisiones anuales de PM2.5 en la Región Metropolitana en invierno es responsable de más de la mitad de la contaminación. Es muy barata en comparación con combustibles limpios, pero sus externalidades están en torno a los 3.000 dólares anuales de acuerdo a un estudio nuestro publicado el 2012 en The Science of the Total Environment. El Censo 2012 nos mostró que 3% de la población urbana usa leña, es decir, un poco más de 60.000 hogares, que aportan significativamente a la contaminación de la ciudad.

Otro incentivo perverso del mercado para contaminar más, es la hora punta de electricidad que obliga a que alrededor de 4.000 empresas en Santiago prendan generadores diesel (básicamente motores de camión) simultáneamente a la hora más mala para dispersar contaminación: la noche.

Un buen mecanismo de mercado siempre requiere tanto de un garrote como una zanahoria. En el año 91 se estableció una restricción permanente a vehículos no catalíticos que llevó a que 22 años después contemos con un parque renovado, pero deteriorado en sus emisiones. Por otro lado la reciente dieselificación del parque ha causado que una cantidad relativamente pequeña de vehículos esté aportando desproporcionadamente a la contaminación. Debemos ampliar la restricción vehicular permanente hacia los vehículos más contaminantes registrados en la revisión técnica. No debemos abolirla. Si bien el impacto en la congestión será irrisorio, el impacto en reducir emisiones, será relevante.

Estados Unidos está en sus niveles más bajo de emisiones de CO2 por generación eléctrica desde el año 1992. La razón no es un impuesto o regulación, es que simplemente el combustible más limpio en generación termoeléctrica, el gas natural, es más barato que el carbón. Ese es la lección que tenemos que aprender. Debemos diseñar instrumentos que hagan uso de la fuerza espontánea del mercado, de lo contrario estaremos remando contra la corriente, sin poder reducir la contaminación de verdad.

Dr. Marcelo Mena
Director Centro de Sustentabilidad
Universidad Andrés Bello