Probablemente no vio mucha diferencia en el taco de llegada al trabajo, en el mundialmente conocido Día Mundial sin Auto. Y probablemente habrán muchos que cuestionarán la convocatoria de tales iniciativas. Sin embargo quienes transitamos todos los días por Santiago nos damos cuenta que año a año son más los que optan por la bicicleta como medio de transporte. Y quienes aceptaron la invitación a sumarse probablemente se dieron cuenta que Santiago no es una ciudad de tacos y de estrés, sino un pueblito que uno puede recorrer en cámara lenta, viendo sus cambios día a día.
El uso de la bicicleta no es un medio de transporte “serio”, lamentablemente. Es una especie de “poster child” del medio ambiente. Es un momento en que los políticos se suben a una bicicleta por primera vez en el año y se dan una vuelta en el patio de los naranjos. Pero quizás cuando la ex presidenta Bachelet se tomó un Taxi para llegar a la Moneda muestra el peso que se le da a este medio de transporte. El año pasado sí un par de ministras mostraron el beneficio de integrar el uso de bicicleta con otro gran medio de transporte el metro. Este año fue particularmente hostil hacia la bicicleta por parte de los parlamentarios, quienes presentaron un proyecto de ley absurdo que obligaba a ciclistas a salir del paso de los automovilistas.
Recientemente se publicó una modificación al plan regulador metropolitano de Santiago donde Contraloría cuestionó lo que todos hemos cuestionado: quién paga por la mantención de las áreas verdes. Y esa modificación permitirá la expansión de la ciudad, algo que no es intrínsecamente malo si se hace bien. Pero lamentablemente es cosa de hacer matemáticas, más población y más área se traduce en más emisiones y más contaminación. Es importante que esta expansión sea un crecimiento inteligente, que desincentive el uso del automóvil. Considerando que el petróleo seguirá subiendo de precio solucionar problemas de movilidad con más carreteras urbanas solamente será un zapato chino, ya que inevitablemente terminará en una ciudadanía pidiendo subvenciones en el futuro.
Se agradecerían inversiones osadas en infraestructura para el uso de bicicleta (reales, no prometidas año a año sin construir). Inversiones como la Avenida del Porvenir, la ciclovía más grande del mundo, de la ciudad de Bogotá, que se construyó antes de que llegaran a pavimentarse las calles de los barrios que cruza. O jugársela por un Mapocho Pedaleable, un proyecto liderado por Tomas Echiburu, que sería un tremendo alivio para zonas en el centro y oriente de la ciudad. Una válvula de alivio frente a la insostenible presión para movilizar a miles de Santiaguinos en la zona de Sanhattan. La solución que hemos visto hasta ahora es sólo un par de puentes contiguos que imposibilitan el paso peatonal normal. En Seúl hicieron un proyecto similar, y hoy es un atractivo turístico mundial. Viena, Budapest, Paris, Chicago han decidido hacer grandes ciclopaseos frente a sus cursos de agua.
Y el resultado es un pulmón verde, un rincón de amabilidad, de tranquilidad, frente a los tacos incentivados por nuestra infraestructura vial actual. Los tiempos de traslado entre Vitacura y el Centro serían de alrededor de 20 minutos, menos que auto, menos que bus, menos que Metro. Los ingenieros en transporte sugieren tarificación vial. Pero acaso no es más de lo mismo? No podemos solucionar los problemas de tránsito de Santiago con más carreteras y más peajes. Debemos diseñar ciudades para las personas, no para los autos ni intereses inmobiliarios.
Y el uso de la bicicleta es notablemente democrático, una forma de transporte cero emisión al alcance de todos. Y una herramienta imbatible para combatir la obesidad, el estrés, los atropellos, y el cambio climático. Y todo a menos del costo de una cuota de auto.
Marcelo Mena
Director Centro de Sustentabilidad
Universidad Andrés Bello











