La contaminación en la salud de los chilenos


Quienes trabajan en salud saben que con el invierno viene de la mano del aumento de enfermedades respiratorias. Si bien la contaminación no causa estas enfermedades, crea las condiciones para que estas se den en forma más frecuente. En efecto, la justificación económica de las regulaciones ambientales es que tanto los privados como el Estado, deben costear el aumento de enfermedades y particularmente de mortalidad asociado a alta contaminación.

Existen correlaciones entre aumento de concentraciones de material particulado y estos efectos a la salud tanto para la exposición aguda o crónica a contaminantes. Sin embargo el grueso de los efectos a la salud ocurre por exposición crónica. Bajo ese prisma, a pesar de que el sector poniente de la capital tiene mayores niveles de contaminación durante episodios críticos, a lo largo del año (representado por las medias anuales de los contaminantes) estas son más bien homogéneas. Además, si cada una de las estaciones de monitoreo de Santiago estuviera en Estados Unidos, serían la más contaminada de ese país, a excepción de la estación Las Condes, que consideramos la más limpia, que sería la tercera peor, a niveles equivalentes a Los Angeles.

En las ciudades del sur el problema es aún mayor, con niveles entre un 50 a 80% más altos que Santiago. Incluso cuando hay pre-emergencia ambiental en Santiago, en ciudades como Rancagua los niveles llegan con facilidad a la emergencia. Es así como si rankearamos las ciudades de Chile en calidad de aire nos encontraríamos con la triste sorpresa de que hay muchas ciudades más contaminadas que la capital.

Un desafío importante es balancear impactos negativos sobre la calefacción. La calefacción más limpia, la eléctrica, es prohibitivamente cara para Chile. La calefacción central a gas, la segunda más limpia también lo es. La mayoría de los chilenos se calefacciona con leña, gas o parafina. Todas las que tienen combustión dentro de la casa causan algún tipo de deterioro a la calidad de aire interior. Las a

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gas licuado aumentan niveles de óxidos de nitrógeno y monóxido de carbono. Las de parafina de primera generación son peores, al emitir más de estos contaminantes, además de aumentar el nivel de material particulado dentro de la casa, además de algunos hidrocarburos aromáticos policíclicos.

Las estufas tipo láser, en tanto, disminuyen estos contaminantes, pero siguen estando dentro de la casa. Las estufas a leña no emiten material particulado (a menos que se deje abierta ventanilla), lo que causaba que algunas marcas las vendieran como las “que no contaminan el interior de la casa”, pero llegan a niveles de 200ug/m3 de hidrocarburos aromáticos policíclicos, el equivalente a lo que emiten 10.000 cigarrillos en ese contaminante. Y es también sabido que la forma más peligrosa de calefaccionarse, es también bastante común en sectores de escasos recursos, el brasero.

Pero por otro lado una casa mal calefaccionada puede causar problemas de salud también… especialmente en invierno. Pero qué factores pesan más, la contaminación intradomiciliaria, la contaminación de la ciudad o la ausencia de calefacción dentro de una casa… es difícil saberlo. Lo que sí está claro que los niveles a los que se exponen los chilenos tanto dentro como fuera de la casa son motivo de preocupación. Lo que sí está claro es que debemos diseñar casas mejores aisladas, pues nuestro clima permite diseñar casas que requerirían un mínimo de calefacción externa.

Como país tenemos el desafío de reducir entre 60 a 80% nuestras emisiones para poder cuidar el aire que respiran nuestros hijos y viejos, los más sensibles a estos problemas. Los ingenieros estamos calculando formas más costo-efectivas de disminuir las emisiones, pero invitamos a los profesionales de la salud de seguir investigando sobre los efectos de la contaminación en los chilenos, de manera proponer las soluciones para disminuirla.

Marcelo Mena
Director del Centro de Sustentabilidad
Universidad Andrés Bello