Hong Kong verde: hábitos e infraestructura


Es difícil darse cuenta y valorar que tan fuertes son nuestros hábitos y costumbres a menos que se tenga la oportunidad de visitar una sociedad absolutamente diferente a la de origen. El choque de culturas permite, en menos del tiempo que uno pudiera imaginar, observar y comparar sus hábitos con los propios. El “observar” costumbres nuevas y (des)conocidas abre nuevas perspectiva y puntos de vista respecto a cómo deberían hacerse las cosas en nuestra sociedad de origen, sudamericana.

Los hábitos, como muchos otros, no dependen sólo de una educación formal, refiriéndome a esto a que no es sólo algo que se enseña en el salón de clases, sino que debe ser una política global. Una aproximación holística, diferente e integral y no sólo formal, quizá nos permitiría lograr la internalización del concepto para que finalmente se transforme en un hábito.

¿Es difícil cambiar costumbres? Si, lo es y toma mucho tiempo. Pero nunca se logrará si los responsables de su implementación no tienen el compromiso, la disposición y la internalización de los beneficios del cambio. Tampoco si no existen los mecanismos e infraestructura para sustentar aquellos nuevos hábitos.

Un lugar donde se ha trabajado en cambiar hábitos es Hong Kong. Hace una semana tuve la oportunidad de exponer, junto a Andrés Vargas, colega de la Escuela de Obras Civiles de la Unab, en la Conferencia Anual Internacional de Investigación en Desarrollo Sustentable realizada justamente en este país.

Hong Kong es uno de los centros financieros más importantes del mundo y una de las dos regiones administrativas especiales de China. Tiene una población de 7 millones de habitantes y una densidad de 6.000 habitantes por Km2. Los distritos de Hong Kong Island y Kowloon, donde se encuentran el Central Business District y la mayor parte del comercio de la región, tienen densidades de 16.000 y 43.000 habitantes por Km2. Comparadas con la Región Metropolitana (aprox. 430 hab/Km2) y la ciudad de Santiago (8.500 hab/Km2), estas cifras resultan impresionantes.

Considerando estas densidades esperábamos encontrar una ciudad con grandes problemas en gestión y manejo de residuos a nivel visual (calles y lugares públicos). Pero la realidad observada dista mucho de lo esperado. Al recorrer la ciudad y sus distritos más densamente poblados se aprecian limpias. ¿Cómo lugares con tanta población logran mantener un nivel de limpieza que una comuna rica de Santiago envidiaría?

Después del primer impacto, comienza la evaluación de lo que se ve y es ahí donde los hábitos entran en juego: La gente no vota basura a la calle, esto suena demasiado obvio, pero el hecho de no hacerlo está sustentado por la infraestructura que permite a la gente no pensar en tirarlos. En cada cuadra hay suficientes basureros para satisfacer los requerimientos de la población fija y flotante del sector respectivo.

Estos basureros tienen un lugar para apagar y disponer de las colillas de cigarrillos (en las calles no se ven estos residuos) y la gente acostumbra a segregar sus residuos en contenedores que permiten la disposición de papel, vidrio y latas. Estos se encuentran en casi cada cuadra, por lo que los usuarios no alcanzan a dudar respecto a reciclar o no.

Ahora bien, el hecho de que haya infraestructura suficiente a disposición del usuario no asegura que las calles estén limpias, ya que esto no crea hábitos. Pero asociado a esto hay multas que se hacen respetar y por sobre todo una política a nivel global de las autoridades y la gente de Hong Kong. Tal política comenzó a mediados de la década de los noventa, con un primer plan estratégico a diez años que incluía educación formal e informal en todos los niveles de la sociedad y desarrollos en infraestructura.

Después de casi quince años del inicio del plan original e implementación de una segunda estrategia mejorada, se han observado cambios en las costumbres de los habitantes de Hong Kong, que se reflejan en las calles de su ciudad. Si en nuestras urbes, bastante más pequeñas y menos densas que este país, se implementaran programas similares bien pensados y diseñados, sería posible obtener resultados similares. Pero esto sólo será posible con planificación y visión de mediano y largo plazo… lo cual también es un hábito que tenemos que desarrollar.

Waldo Montecinos

Director de Ingeniería Civil
Universidad Andrés Bello